Cuarto Domingo De Cuaresma Ciclo - B
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IV Domingo de Cuaresma ciclo B
Lectionary: 32
Primera Lectura
Lectura del segundo libro de las Crónicas
(36,14-16.19-23):
En aquellos días, todos los sumos sacerdotes y el
pueblo multiplicaron sus infidelidades, practicando todas las abominables
costumbres de los paganos, y mancharon la casa del Señor, que él se había
consagrado en Jerusalén. El Señor, Dios de sus padres, los exhortó
continuamente por medio de sus mensajeros, porque sentía compasión de su pueblo
y quería preservar su santuario. Pero ellos se burlaron de los mensajeros de
Dios, despreciaron sus advertencias y se mofaron de sus profetas, hasta que la
ira del Señor contra su pueblo llegó a tal grado, que ya no hubo remedio.
Envió entonces contra ellos al rey de los caldeos.
Incendiaron la casa de Dios y derribaron las murallas de Jerusalén, pegaron
fuego a todos los palacios y destruyeron todos sus objetos preciosos. A los que
escaparon de la espada, los llevaron cautivos a Babilonia, donde fueron
esclavos del rey y de sus hijos, hasta que el reino pasó al dominio de los
persas, para que se cumpliera lo que dijo Dios por boca del profeta
Jeremías: Hasta que el país haya pagado sus sábados perdidos,
descansará de la desolación, hasta que se cumplan setenta años.
En el año primero de Ciro, rey de Persia, en cumplimiento de las palabras que habló el Señor por boca de Jeremías, el Señor inspiró a Ciro, rey de los persas, el cual mandó proclamar de palabra y por escrito en todo su reino, lo siguiente: “Así habla Ciro, rey de Persia: El Señor, Dios de los cielos, me ha dado todos los reinos de la tierra y me ha mandado que le edifique una casa en Jerusalén de Judá. En consecuencia, todo aquel que pertenezca a este pueblo, que parta hacia allá, y que su Dios lo acompañe”.
Palabra De Dios
Y al Salmo Responsorial Respondemos Todos
Salmo 136, 1-2. 3. 4-5. 6
R.(6a)
Que se me pegue la lengua al paladar si no me acuerdo de ti,
Junto
a los ríos de Babilonia nos sentábamos
a llorar de nostalgia;
de los sauces que esteban en la orilla
colgamos nuestras arpas.
R. Que
se me pegue la lengua al paladar si no me acuerdo de ti,
Aquello
que cautivos nos tenían
pidieron que cantáramos.
Decían los opresores:
“Algún cantar de Sión, alegres, cántennos”.
R. Que
se me pegue la lengua al paladar si no me acuerdo de ti,
Pero,
¿cómo podríamos cantar
un himno al Señor en tierra extraña?
¡Que la mano derecha se me seque,
si de ti, Jerusalén, yo me olvidara!
R. Que
se me pegue la lengua al paladar si no me acuerdo de ti,
¡Que se me pegue al paladar la lengua
Jerusalén, si no te recordara,
o si, fuera de ti,
alguna otra alegría yo buscara!
R. Que
se me pegue la lengua al paladar si no me acuerdo de ti,
Segunda Lectura
Lectura de la carta del apóstol san Pablo
a los Efesios (2,4-10):
Hermanos: La misericordia y el amor de Dios son muy
grandes; porque nosotros estábamos muertos por nuestros pecados, y él nos dio
la vida con Cristo y en Cristo. Por pura generosidad suya, hemos sido salvados.
Con Cristo y en Cristo nos ha resucitado y con él nos ha reservado un sitio en
el cielo. Así, en todos los tiempos, Dios muestra, por medio de Jesús, la
incomparable riqueza de su gracia y de su bondad para con nosotros.
En efecto, ustedes han sido salvados por la gracia,
mediante la fe; y esto no se debe a ustedes mismos, sino que es un don de Dios.
Tampoco se debe a las obras, para que nadie pueda presumir, porque somos
hechura de Dios, creados por medio de Cristo Jesús, para hacer el bien que Dios
ha dispuesto que hagamos.
Palabra de Dios
Aclamación antes del Evangelio
Jn 3, 16
R. Honor y gloria a ti, Señor Jesús.
Tanto amó Dios al mundo, que le entregó a su Hijo único,
para que todo el que crea en él tenga vida eterna.
R. Honor y gloria a ti, Señor Jesús.
Evangelio
Lectura del santo evangelio segun san Juan
3, 14-21
En aquel tiempo, Jesús dijo a Nicodemo: “Así como
Moisés levantó la serpiente en el desierto, así tiene que ser levantado el Hijo
del hombre, para que todo el que crea en él tenga vida eterna.
Porque tanto amó Dios al mundo, que le entregó a su
Hijo único, para que todo el que crea en él no perezca, sino que tenga vida
eterna. Porque Dios no envió a su Hijo para condenar al mundo, sino para que el
mundo se salvara por él. El que cree en él no será condenado; pero el que no
cree ya está condenado, por no haber creído en el Hijo único de Dios.
La causa de la condenación es ésta: habiendo venido la
luz al mundo, los hombres prefirieron las tinieblas a la luz, porque sus obras
eran malas. Todo aquel que hace el mal, aborrece la luz y no se acerca a ella,
para que sus obras no se descubran. En cambio, el que obra el bien conforme a
la verdad, se acerca a la luz, para que se vea que sus obras están hechas según
Dios’’.
Palabra del Señor
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