Lecturas del Domingo 13º del Tiempo Ordinario - Ciclo B
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XIII Domingo Del Tiempo Ordinario
Lectionary: 98
Primera Lectura
Lectura del libro de la Sabiduría
(1,13-15;2,23-24):
Dios no hizo la muerte,
ni se recrea en la destrucción de los vivientes.
Todo lo creó para que subsistiera.
Las creaturas del mundo son saludables;
no hay en ellas veneno mortal.
Dios creó al hombre para que nunca muriera,
porque lo hizo a imagen y semejanza de sí mismo;
mas por envidia del diablo
entró la muerte en el mundo
y la experimentan quienes le pertenecen.
Palabra De Dios
Salmo Responsorial
Salmo 29, 2 y 4. 5-6. 11 y 12a y 13b
R/. Te ensalzaré, Señor, porque me
has librado, porque tu me has librado
Te ensalzaré, Señor, porque me has librado
y no has dejado que mis enemigos se rían de mí.
Señor, sacaste mi vida del abismo,
me hiciste revivir cuando bajaba a la fosa.
R/. Te ensalzaré, Señor, porque me
has librado, porque tu me has librado
Tañed para el Señor, fieles suyos,
dad gracias a su nombre santo;
su cólera dura un instante;
su bondad, de por vida;
al atardecer nos visita el llanto;
por la mañana, el júbilo.
R/. Te ensalzaré, Señor, porque me
has librado, porque tu me has librado
Escucha, Señor, y ten piedad de mí;
Señor, socórreme.
Cambiaste mi luto en danzas.
Señor, Dios mío, te daré gracias por siempre.
R/. Te ensalzaré, Señor, porque me
has librado, porque tu me has librado
Segunda Lectura
Lectura de la segunda carta del apóstol
san Pablo a los Corintios (8,7.9.13-15):
Hermanos: Ya que ustedes se distinguen en todo: en fe,
en palabra, en sabiduría, en diligencia para todo y en amor hacia nosotros,
distínganse también ahora por su generosidad.
Bien saben lo generoso que ha sido nuestro Señor
Jesucristo, que siendo rico, se hizo pobre por ustedes, para que ustedes se
hicieran ricos con su pobreza.
No se trata de que los demás vivan tranquilos,
mientras ustedes están sufriendo. Se trata, más bien, de aplicar durante
nuestra vida una medida justa; porque entonces la abundancia de ustedes
remediará las carencias de ellos, y ellos, por su parte, los socorrerán a
ustedes en sus necesidades. En esa forma habrá un justo medio, como dice la
Escritura: Al que recogía mucho, nada le sobraba; al que recogía poco,
nada le faltaba.
Palabra De Dios
Aclamación antes del Evangelio
Cfr 2 Tim 1, 10
R. Aleluya, aleluya.
Jesucristo, nuestro Salvador, ha vencido la muerte
y ha hecho resplandecer la vida por medio del Evangelio.
R. Aleluya.
Evangelio
Lectura del santo
evangelio segun san Mc 5, 21-43
En aquel tiempo, cuando Jesús regresó en la barca al
otro lado del lago, se quedó en la orilla y ahí se le reunió mucha gente.
Entonces se acercó uno de los jefes de la sinagoga, llamado Jairo. Al ver a
Jesús, se echó a sus pies y le suplicaba con insistencia: “Mi hija está
agonizando. Ven a imponerle las manos para que se cure y viva”. Jesús se fue
con él, y mucha gente lo seguía y lo apretujaba.
Entre la gente había una mujer que padecía flujo de
sangre desde hacía doce años. Había sufrido mucho a manos de los médicos y
había gastado en eso toda su fortuna, pero en vez de mejorar, había empeorado.
Oyó hablar de Jesús, vino y se le acercó por detrás entre la gente y le tocó el
manto, pensando que, con sólo tocarle el vestido, se curaría. Inmediatamente se
le secó la fuente de su hemorragia y sintió en su cuerpo que estaba curada.
Jesús
notó al instante que una fuerza curativa había salido de él, se volvió hacia la
gente y les preguntó: “¿Quién ha tocado mi manto?” Sus discípulos le
contestaron: “Estás viendo cómo te empuja la gente y todavía preguntas: ‘¿Quién
me ha tocado?’ ” Pero él seguía mirando alrededor, para descubrir quién había
sido. Entonces se acercó la mujer, asustada y temblorosa, al comprender lo que
había pasado; se postró a sus pies y le confesó la verdad. Jesús la
tranquilizó, diciendo: “Hija, tu fe te ha curado. Vete en paz y queda sana de
tu enfermedad”.
Todavía estaba hablando Jesús, cuando unos criados llegaron de casa del jefe de
la sinagoga para decirle a éste: “Ya se murió tu hija. ¿Para qué sigues
molestando al Maestro?” Jesús alcanzó a oír lo que hablaban y le dijo al jefe
de la sinagoga: “No temas, basta que tengas fe”. No permitió que lo acompañaran
más que Pedro, Santiago y Juan, el hermano de Santiago.
Al llegar a la casa del jefe de la sinagoga, vio Jesús
el alboroto de la gente y oyó los llantos y los alaridos que daban. Entró y les
dijo: “¿Qué significa tanto llanto y alboroto? La niña no está muerta, está
dormida”. Y se reían de él.
Entonces Jesús echó fuera a la gente, y con los padres
de la niña y sus acompañantes, entró a donde estaba la niña. La tomó de la mano
y le dijo: “¡Talitá, kum!”, que significa: “¡Óyeme, niña, levántate!” La niña,
que tenía doce años, se levantó inmediatamente y se puso a caminar. Todos se
quedaron asombrados. Jesús les ordenó severamente que no lo dijeran a nadie y
les mandó que le dieran de comer a la niña.
Palabra Del Señor
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